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Octubre 26, 2007

La linealidad movediza de Hooverphonic

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Gran parte de los noventa estuvieron marcados por la escena trip-hop, un estilo que literalmente se caracteriza por brindar esa sensación continua de viaje sin pausa y a una velocidad que tiene diversas oscilaciones, pero en el transcurso del viaje jamás frena su motor. Bandas como Portishead o Massive Attack son íconos referenciales en el estilo, y han ejercido notables influencias en toda esta esfera musical.

Pero más allá de esta influencia, el es un estilo de lo más rico, y varias bandas lo han desarrollado de tal modo de incorporarle su sello distintivo al sonido que elaboran. Una de esas bandas es Hooverphonic, la banda belga que sacó su nuevo material que tiene uno de los mejores títulos de su historia: The president of the LSD golf club.

Este disco da una sensación, creo yo, de eternidad. Es un túnel conceptual, una combinación de elementos de una electrónica suave y pausada, pero continua, sumada a unos magníficos, deleitantes, extáticos toques psicodélicos en los que todo se descontrola levemente, aunque siempre bajo el dominio de esos sonidos un tanto metálicos de fondo.

Ni que hablar de la deliciosa voz de Geike Arnaert, que resulta siempre tranquilizadora y plácida, haciéndonos entrar en conciencia de que estamos pisando un terreno que se mueve constantemente, pero que en el fondo no se va a derrumbar.

Un placer con un título magnífico. Creo que ese es el resumen que puede hacerse de este nuevo disco de Hooverphonic. Aquí va un pequeño ejemplo del concepto del disco, Expedition Impossible, el single del disco.


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