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Febrero 14, 2008

Artistas de Cabecera: The Velvet Underground

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Antes que nada, no voy a hablar de Lou Reed. Es que hacer referencia a Lou es exactamente eso: hacer referencia a Lou; es imposible hablar del de los últimos años sin escindirlo de la música, pues es una personalidad musical que hace música, no el miembro de una banda. Hoy hablaré de una banda, no de un solista.

Bueno, pues en realidad debería escribir banda con una “b” mayúscula en lugar de minúscula, porque hacer referencia a The Velvet Underground es referirme a una de las más influyentes bandas de toda la historia (y miren que hablo de un top ten, nada de 50 primeros ni nada por el estilo).

Si bien la Velvet fue el propulsor inicial para Lou en su carrera musical y lo influyó muchísimo en sus posteriores creaciones, la influencia de esta banda sobre la escena musical de los sesentas, setentas y hasta ochentas y noventas es difícilmente igualable, pues podría decir con toda tranquilidad que hablo de los cultores del como estilo musical.

Con unos experimentos sonoros de lo más vanguardistas, la Velvet —a pesar de los pocos años que duró— logró consolidarse como una fuente inagotable de recursos para bandas posteriores, y son considerados como uno de los que diseñaron las bases para el desarrollo del noise y del punk, aunque estas incursiones son progresivas a lo largo del desarrollo de la banda, y no se realizan de forma prístina.

En lo personal siempre me he quedado con la veta más pop y más armónica de la Velvet, y a pesar de que Warhol no mantenía una buena relación con los integrantes de la banda por ese entonces, a decir verdad hay que reconocerle su rol como gran ideólogo de este sonido que marcó a la Velvet en su primer disco: The Velvet Underground and Nico.

Si tengo que quedarme con un disco de la banda de seguro elegiría a este y a su subsiguiente trabajo, White Light/White Heat, material ya con marcados experimentos noise (¡y de qué manera tan brillante!), cortando un poco con la faceta pop de los de Reed.

Recordar los sonidos cíclicos y delineados de temas como Sunday Morning o All Tomorrow’s Parties puede masajear el oído de manera incomparable, porque si hay una característica que se puede encontrar a lo largo de toda la discografía de la Velvet es su ajustación precisa. Me refiero con esto a que los neoyorquinos tuvieron un inexplicable don sobrenatural de encajar en cualquier estado de ánimo que se los escuche (y creo que es la única banda con la que me ocurre este fenómeno).

En fin, conocer la Velvet no es tarea fácil, pues como toda banda (y más si se trata de pioneros), tienen sus trabas. Pero claro, una vez uno se deja llevar por los sonidos acariciantes y tenues que se contraponen a distorsiones eclécticas todo deja de tener bipolaridades, y es allí donde la música de la Velvet se vuelve una unidad inseparable de perfección y experimento, un vicio para el alma. Aquí va un clásico “I’m Waiting For The Man“:


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